Nanny Books: Cuento de Incógnito [I]
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jueves, 22 de diciembre de 2016

Cuento de Incógnito [I]


-¿Entonces usted lo vio todo?
-Sí, sí, yo estaba ahí.
-¿En la escena del crimen?
-No, no, yo no estaba ahí.
-Pero, señor, ¿usted estaba o no estaba ahí? ¿Vio o no vio?
-Yo lo vi todo, pero no estaba en la calle, parado al lado del muerto.
-Bien, al fin avanzamos. Cuénteme entonces, ¿qué pasó?
El policía tenía el ceño fruncido y lo miraba como si se estuviera perdiendo un partido de su equipo favorito. El hombre, en cambio, estaba transpirando y parecía arrepentido. Estábamos en una oficina pequeña, con un ventilador de pared oxidado que chirriaba con cada movimiento. Era mediodía y tenía hambre. Pero no podía quejarme, ya que se suponía que no tenía que estar en medio de esta situación.
-El tipo entró a comprar un paquete de cigarrillos, era un cliente habitual.
-¿Quién era el cliente?
-Mi tío.
-Usted no puede hablar, le pregunté al señor.
-Perdón.
Me acomodé en la silla y miré un punto fijo en la pared. Yo no tenía que estar ahí. La pintura se caía en algunas partes y habían pegado una bandera nacional un poco torcida. La mesa donde el policía tenía acomodada la netbook y la impresora se movía con la respiración del uniformado. Todo estaba ligeramente mal. El ventilador, la pared, la bandera, la mesa, el policía, el comerciante, yo... la vida.
-Hace más de veinte años que tengo el negocio, vendo de todo. Un poco de pan, caramelos, alfajores, cigarrillos, bebidas, hasta hago panchos para los chicos de la escuela.
-Y le vende cigarrillos a los chicos también.
-¡Mentira, mentira! Jamás les vendí...
-Si vuelve a hablar, la saco de la sala, ¿me entendió, jovencita?
Jorge le vendía cigarrillos a los chicos, te robaba en el cambio y chismeaba con los vecinos. Todo el mundo lo sabía, pero si necesitabas un kilo de pan a las diez de la noche, ibas a comprarle a él. Porque siempre estaba abierto y siempre tenía lo que necesitabas.
-Recapitulemos, la víctima fue a comprar cigarrillos a su despensa.
-Así es, eran más de las siete. Compró un paquete de cigarrillos y se fue a la parada del colectivo. Había poca gente. No es un barrio que se levante muy temprano. Estaba mirando por la ventanita, cuando pasó todo.
-¿Cuántas personas había cerca de la víctima antes de que ocurriera el hecho?
Lo miré. Se estaba quedando calvo, estaba muy sofocado y vacilaba mucho. ¿Por qué? ¿Qué sentido tenía todo esto? ¿Por qué estaba yo ahí?
-Había un pibe en la esquina de en frente, creo que estaba con los auriculares, porque movía la cabeza como si estuviera siguiendo un ritmo. La señora Elsa estaba con su perro en la vereda, pero al ver la moto se metió enseguida para adentro.
El policía tomaba notas y tecleaba en la computadora concentrado, a penas alzaba la vista cuando realizaba una pregunta. Estaba gordo y de mal humor. Tenía tres hijas, ningún varón. El año pasado tuve a una de ellas en mi curso, no recuerdo si era la mayor o la que le seguía. Nada destacable, pero aprobó. No me acuerdo ni su nombre.
-Prosiga, estaba la víctima en la parada del colectivo, un joven en la esquina, una señora con su perro.
-Sí, pero la buena de Elsa no tiene nada que ver con esto. Ella se metió en seguida.
-¿Y luego qué pasó?
-Ya lo sabe, vino el de la moto.
-Cuénteme, con todos los detalles que pueda.
-Una moto pasó a todo lo que da, pero no paró. Elsa se metió a su casa. No pasaron ni cinco minutos que la moto volvió.
-¿Está seguro de que era la misma moto?
-Sí, sí, uno lo reconoce a esos pendejos.
-¿Por qué calles circuló la primera vez?
-Venía derecho por Irigoyen y dobló en Alvear. Después volvió por la Avenida Perón.
¿Tenía algún sentido? Esto le podría haber pasado a la vieja del caniche, al muchacho de los auriculares... A mí. Le podría haber pasado a Jorge, si no atendiera a sus clientes a través de esa reja que se instaló en el 2001.
-Eran dos en la moto, tenían pinta de... bueno, ya sabe, de esos villeritos que andan todo el día drogados.
-¿Le pareció que estaban intoxicados cuando se detuvieron frente a la víctima?
-Ah, no sé. Yo digo que esos de su calaña siempre están drogados. Ahora, no sé si esos estaban así. ¿No es un poco temprano para que anden drogados?
-Prosiga, por favor.
-Se bajó uno de los chorritos. Tenía una gorra y la capucha de la campera puesta. Con el calor que hace y con campera, se veía de lejos que eran chorros. Pero Ricardo no se inmutó, sabe, no gritó, ni salió corriendo. Yo hubiera salido corriendo. El que bajó tenía algo en la mano, no vi bien qué era. Ricardo le dio algo y hubo un momento...
Se llevó la mano a la boca y se puso a llorar. Jorge, que era un extraño, estaba llorando por mi tío. Me arrepentí de haberlo acusado de venderle cigarrillos a los chicos, después de todo, no era tan mal tipo. Me emocioné un poco y le di una palmadita en la espalda.
-Algo le hizo, pero no sé qué. Ricardo se quiso agarrar... No sé, no sé... Y se cayó al piso, ahí quedó, en el piso. Venía todos los días y me contaba un chiste o algo que había visto en el noticiero antes de salir a su casa. Un tipo laburador y quedó ahí en el piso.
-Tranquilícese y piense, ¿qué pasó con los muchachos que iban en la moto?
-¡Se largaron, eso fue lo que pasó! Robaron, lo mataron y se fueron. Y siguen por ahí ahora, ¿entendés, Mauro?, siguen por ahí, ¡gastándose la plata que le sacaron a Ricardo!
El policía se levantó, fue hasta la puerta y pidió un vaso de agua. Jorge seguía llorando. Me miré los zapatos, tenía medias de distintos colores. Me acomodé el pantalón para que no se notara tanto.
-Tomá un poco de agua, Jorge, tranquilízate, así terminamos esto rapidito y te podés ir, ¿sí? La gente debe estar extrañada de que no está abierta la despensa.
La gente ya no está extrañada, ni de que los negocios cierren de un día para otro, ni de las manchas de sangre en la calle. ¿Ya habrán levantado el cuerpo de mi tío? ¿O estará todavía bajo el sol, a la vista de todo el mundo?
-¿Qué pasó luego?
-Cuando los de la moto se fueron, el pibe que estaba con los auriculares cruzó la calle con el celular en la mano, creí que estaba llamando a la policía. Ricardo no se levantó más, pero vi que movía un brazo. Yo me quedé en la ventana mirando, no podía dejar de mirar, no me podía mover, ¿entendés, nena? No podía.
Me estiré para abrazar al pobre hombre que seguía llorando desconsoladamente. El policía estaba incómodo. Toda esta situación era inaceptable. Nos conocíamos desde siempre y lo ocurrido se salía de lo normal. Lo de la moto era normal, lo que sucedió después, no.
-Prosiga, por favor.
-La policía tardó en llegar, como quince minutos, y la ambulancia... Los hijos de puta esos, aparecieron dos horas después. ¡Dos horas! Ricardo estaba muerto, muerto, muerto.
-Bien, creo que con eso tenemos todo. ¿Se acuerda de algo más que quiera agregar? ¿El aspecto de los victimarios?
-No, estaba muy lejos.
-Correcto, le leo como quedó la declaración y así la firma.
El policía leyó el documento, no mencionaba mi presencia en el interrogatorio. Jorge firmó, me dio un abrazo y salió de la sala, aún llorando.
-¿Cómo está su nena?
-Bien, pasó de año... ¿Sigue trabajando en la escuela?
-Sí, tengo los primeros.
-Ah, bien, entonces va a tener a mi otra nena el año que viene.
-Que bueno, espero que sea tan estudiosa como su hermana.
Un policía más joven entró a la sala, era de buen ver, pero ni me miró. Era comprensible, yo era la familia de la victima y estaba presenciando los interrogatorios de un caso de robo, asesinato y negligencia. No podía estar ahí, pero ahí estaba.


...Continuará.
-Versión ficcionalizada de un hecho verídico-

3 comentarios:

  1. Me he quedado boquiabierta, ¿lo has escrito vos? ¿para cuando sacas un libro =-O? Realmente te felicito, haz narrado un hecho verídico de una forma muy ingeniosa y la tercera persona que está ahí pero parece que nadie la ve. Es muy triste que estas cosas sucedan y día a día se pierdan vidas porque sí, ya no importa sólo lo material :( .Es muy triste, yo vivo en una Villa que ahora es un Barrio, nos mudamos mis padres, mi hermano y yo con mis abuelos hace mucho y estamos en el foco, pero lo jodido pasa afuera del foco la mayoría de las veces, pero siempre hay más mafia policial que otra cosa :'(. Y te agradezco que cuentes tan bien algo que sucede y me gusta tu manera de describir y mostrar las emociones de los personajes en la historia. El policía frío como una piedra... y la tercera persona... esperaré con ansias la continuación =-O muy bueno en verdad!

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  2. *o* Nanny no me dejes con la intriga, quiero saber que más ha pasado!!!!! Excelente el cuento, aunque este basado en algo real, eso lo hace algo triste =(

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  3. Quiero saber que más pasó! Y sí, lástima que sea un hecho verídico u.u

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